La princesa


Suspiraba la princesa
en la torre del castillo
y jamás se vio tal rosa
adornar tanto suspiro.
Suspiraba sin remedio
y entre mocos doloridos
la princesa de su barrio,
constelada de granitos.
Sus cabellos son dorados,
y si el sol me da permiso
de decir esta verdad,
le superan con su brillo
(y ya que estoy con verdades,
no menos ésta la digo:
que el dorado es de botica,
por si no lo han advertido).
Los suspiros eran nubes
en un cielo claro y limpio,
y sus ojos las estrellas
que destilan el rocío.
¡Cómo llora la princesa,
cómo llora, Dios bendito,
que para sí la quisieran
los campos de regadío!
Escuchaba en la ventana
del ruiseñor el quejido
y unas notas melancólicas
de melódico sonido.
al compás de muchos hipos
la canción triste y quejosa
de la radio del vecino.
Recordaba de su amor
los momentos compartidos,
el ardor de su mirada
cuando da calor al frío
(y el galán que en la pared,
con chinchetas adherido,
la mira con gesto tierno,
pero siempre con el mismo).
Era príncipe valiente
y entre flores escogido
para gala de jardines
y primor de los sentidos
(y murmuran las revistas
que, por ser muchacho lindo,
si carece de mujer
es porque tiene marido).
Grata fue la primavera
pero el tiempo es enemigo,
y deshace los abrazos
con la fuerza de sus giros.
(Más aún si los abrazos
son fugaces y fingidos,
que aun antes que de maduros
se cayeron de podridos)
"¡Ay! mi amor, mira qué sangre",
dijo el muchacho aguerrido,
"me muero porque estos dardos
ya no son los de Cupido".
(Y entre ríos de tomate,
el galán, que es muy cumplido,
hizo honor a su promesa,
y murió según lo dijo).
La princesa estaba muda
contemplando el cruel destino
y en lágrimas se derramó
convirtiéndose en un río.
(Ya mostraba la pantalla
del final el cartelillo,
y una señora redonda
susurraba "¡qué bonito!").
"¡Dónde estás varón sin par,
pero dónde, amado mío!
¿He de buscarte en la mar
o en esta tierra que piso?"
algo así vocalizaba,
o algún otro desatino,
o quizá no eran palabras
y era sólo un alarido.
"¡Si en el cielo has olvidado
a quien tanto te ha querido,
que me olvide todo el mundo,
y me olvide así el olvido!"
La princesa adolescente,
tras decir esto que digo,
se encerró en su habitación,
que es la torre que ya he dicho
y olvidáronla sus padres,
la olvidaron sus amigos,
porque es flaca la memoria,
porque así el tiempo lo quiso
(y además la princesita
conocía el mecanismo
para encerrar los recuerdos:
se cerró con el pestillo).
Olvidada de la suerte,
del señor y del mendigo
la princesa se consume
entre suspiro y suspiro.
La princesa
Escrito por Javier Lázaro




Comentarios sobre La princesa
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gracias corazon ,mi imagen no salia pero esta que me dejastes es hermosa y tu web esta muy buena mucha info me gusto
Es un tema muy bonito este de Javier Lazaro y que acompañan en demasia el sentimiento de un padre y una madre que se aprestan a cobijar entre sus brazos a su crio.
si la verdad que si es lindo gracias saludos